Hoy os voy a hablar sobre el día 29 de Septiembre. Debido a
la ausencia del profesor no puedo tratar ningún tema y por tanto he considerado
que esta vez no sea la clase de francés, ni Carlos ni yo los protagonistas de
esta entrada. Sino unas personitas que me alegraban los días con solo su
sonrisa.
A pesar de que éramos el peor equipo de la liga y no ganamos
ningún partido teníamos algo muy fuerte a nuestro favor. ILUSIÓN. No es fácil
empezar un deporte con 6 años y que te metan a jugar contra niños y niñas de 10
años los cuales quizás llevaban tres años ya practicando este deporte. Pero
ellas siguieron adelante, sin faltar a los entrenos, siempre con una sonrisa,
eso sí cuando metíamos canasta aquello era casi una fiesta. Que una niña que
roba un balón y se va corriendo a canasta riéndose porque se lo está pasando
realmente bien es fantástico.
Los valores que ellas nos recuerdan porque
practicamos este deporte son inmensos. ¿Qué gracia nos hace a nosotros robar un
balón e ir hacia canasta riéndonos dándonos igual que la metamos o la fallemos?
Lo puedo responder sin duda alguna, ninguna. A ellos eso les da igual, se
concentran en que están haciendo lo que les gusta, les están viendo los padres
y su entrenadora.
Me ha pasado y se me encogió el corazón, en un partido una
niña de este equipo la cual tenía 7 años, se hizo mucho daño en el hombro, y en
vez de ir a junto los padres vino a junto mía a llorar, a que la consolase y le
solucionase el dolor. Es increíble lo importante que te llegas a sentir para
ellas.
Ver poco a poco su progreso, que las cosas por fin van
saliendo, ver como se alegran, sus expresiones de felicidad por meter una
canasta, y nunca el agobio que sufrimos nosotros cuando estamos ante un partido
que está más que perdido es genial.
Finalmente llegamos a meter 34 puntos en un partido aunque no lo ganamos
todas creían que lo habíamos ganado porque las cosas iban saliendo metieron
todas canastas y todas hicieron lo que querían en ese momento: jugar a baloncesto.
Este año me ha tocado separarme de ellas pero llegar un
viernes a su entreno o ir a verlas un sábado a un partido ha sido lo mejor que
he hecho en mis vueltas a Ourense. Llegar y ver como te ven de lejos, te
empiezan a gritar y corren hacia ti (junto con la respectiva bronca porque
estaban entrenando) es inexplicable.
A pesar de ello espero volver a ser un modelo a seguir en el
mundo de baloncesto para ellas.
Gracias por haberme alegrado las frías tardes de invierno.
Espero que os haya gustado. Un
saludo!

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